Hay muertes que te golpean el alma, que te recuerdan que la vida es un soplido. Ayer moría Pau Donés y, aunque no tuve el placer de conocerlo, su muerte me recuerda que un día u otro ya no estaremos en este mundo conocido. Tampoco lo estarán nuestros seres queridos, ya que por orden natural o un desorden incomprensible se irán marchando.

Cuando uno llora una muerte, llora también todas las que lleva dentro, las que precedieron y todas las que vendrán. Sin quererlo, sin pensarlo, uno llora las corazas que lleva puestas, llora los miedos que nos bloquean el alma y llora los recuerdos.

Parece que últimamente a la muerte le ha dado por pisarnos los talones. Estamos saliendo de una pandemia que nos lega varias lecciones de vida. Entre ellas, que vivir con mayúsculas, con sentido, es un debe en nuestra lista del haber. Un deber urgente, porque para morir despierto, alegre, tranquilo, en paz, hay que saber vivir mientras se está vivo. Me quedo con una canción del último disco de Jarabe de Palo: Misteriosamente hoy.

Un regalo, un consejo, de quién en los últimos años hizo del vivir un arte y aprendió que es para todos, algo urgente.

 

Misteriosamente hoy
No echo de menos
Misteriosamente hoy
A nadie espero

Misteriosamente hoy
Todo está en calma
Misteriosamente hoy
Nada me falta

No tengo problemas por resolver
Ni dudas ni espejismos
Me entretengo viendo atardecer

Misteriosamente hoy
No siento culpa
Sorprendentemente hoy
Nada me asusta

Milagrosamente hoy
La vida ya no me pesa
Increíblemente hoy
La vida vale la pena

Todo me parece bien
Me siento bien conmigo
Nada tengo por hacer
No tengo líos

Solo tiempo que perder
Y el corazón tranquilo
Hoy me siento bien
Deliciosamente bien

No tengo conflictos por resolver
Ni dudas ni espejismos
Me contento viendo amanecer

Todo me parece bien
Me siento bien conmigo
Nada tengo por hacer
No tengo líos

Solo tiempo que perder
Y el corazón tranquilo
Hoy me siento bien
Deliciosamente bien

 

DEP Pau Donés . Gracias por tu música y por recordarnos lo que olvidamos a cada momento.