Narra una leyenda que un poderoso rey estaba cansado de caminar por su rocoso reino. Tenía los pies muy dañados, así que muy enfadado decidió reunir a su corte.

“- Quiero que maten a todas las vacas y que alfombren todo el pueblo’.

Ante el enojo del monarca, los sabios del lugar se reunieron y decidieron matar diez mil vacas. Todo el pueblo se pondría a curtir el cuero y en diez años conseguirían alfombrar todo el reino.

Ante tal despropósito apareció el bufón de la corte y a modo jocoso le dijo al rey:

“-Su majestad, ¿ha pensado que con un pequeño gesto sus pies le dejarían de doler? Quizás solo se trate de usar unos zapatos.”

 

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Este pequeño cuento nos ilustra cómo, en ocasiones, creemos que cambiar a los demás es una tarea más sencilla que cambiarnos a nosotros mismos.

A menudo vivimos fantaseando con que el otr@ cambie, que se adecue a nuestras necesidades, sin tan siquiera preguntarnos qué es lo que necesitamos verdaderamente.

Nos pasamos la vida esperando. Esperamos que nuestra pareja cambie, nuestro alrededor, nuestros hijos, nuestros amigos… sin embargo, no caemos en la cuenta que cambiar lo ajeno no está en nuestras manos. El único cambio posible es el que hacemos con nosotros mismos.

Te invito a que te dediques unos instantes y pienses por un momento en algo que desees que cambie. A continuación, te propongo que los pienses de otro modo:

  • ¿Cómo podrías aceptar eso que tanto deseas que cambie (sin cambiarlo)?
  • ¿Qué es lo que sí está en tus manos cambiar?
  • ¿Qué cambios deberías hacer tú para dejar de desear esos cambios?

Quizás se trate de tomar decisiones que postergas, o tal vez de aceptar una situación que no tiene solución, o, simplemente de aceptar y amar a las personas tal y cómo son.

Sea como sea, te invito a que vuelvas a centrar tus expectativas en ti, porque no hay nada más doloroso que perderse la vida esperando que los demás cambien. Te animo a retomar las riendas de tu vida y vivir una vida llen@ de sentido. La vida ocurre aquí y ahora, justo mientras lees estas líneas, porque como dice un viejo proverbio: “lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo”.