“Un mundo amoroso es posible porque en cualquier momento, cualquiera de nosotros, puede decidir amar más y mejor”

Se podrían escribir miles de líneas acerca de la obra de Laura Gutman. Sus libros, son mucho más que libros. Suponen un legado repleto de esencia, repleto de verdad. Lejos de ser dogmática, su sabiduría se materializa tan solo cuando alguien comprende. Entonces, solo entonces, sus palabras cobran sentido.

Laura Gutman cree que la semilla del sufrimiento humano reside en la infancia. La autora nos invita a bucear en nuestra propia realidad emocional, para poder trazar una vida plena de conciencia más allá de las creencias.

Laura Gutman es autora de varios libros sobre infancia, maternidad, paternidad, adicciones, violencia social y sobre la metodología de construcción de la “Biografía Humana”. Dirige una Institución con base en la ciudad de Buenos Aires que cuenta con una Escuela de formación profesional y un equipo de profesionales que atienden a hombres y mujeres adultos.

¿Somos quiénes creemos que somos?

Somos mucho más completos que ese mini personaje reactivo que creemos que somos.

¿Y por qué no somos conscientes de esa amplitud?

Porque nuestra madre no ha sido una madre consciente de sí misma, nos ha criado bajo sus propios mandatos, prejuicios o engaños y no fue capaz de observarnos, de acompañarnos ni de apoyarnos en el despliegue de nuestras virtudes personales, por fuera de sus deseos o expectativas. El “personaje” es producto de la mirada subjetiva de nuestra propia madre, que necesita “ubicarnos” en algún lugar de su escenario. Luego, crecemos creyendo que somos “eso” que mamá ha dicho que somos.

¿Y por eso las personas afirmamos haber sido felices durante la infancia?

Sí, claro, porque eso fue lo que dijo mamá. Los recuerdos son construcciones basadas en palabras que han nombrado ciertos hechos. Por eso, “recordaremos” aquello que mamá ha dicho.

¿Aunque no sea verdad lo que mamá nombró?

Lo que pasa es que si no vivimos en una permanente búsqueda de la verdad interior, todos nosotros vivimos “engañados”. Mamá no nos mintió deliberadamente. Simplemente mamá comprendió e interpretó su vida desde su propio punto de vista, que suele ser acotado, parcial y habitualmente envuelto en prejuicios, opiniones y dentro de reglas morales discutibles. Nuestros “puntos de vista” suelen ser ciegos, porque no abordan la totalidad de las tramas. Por lo tanto, es muy poco probable que mamá haya podido “comprendernos limpiamente” en nuestra especificidad de niños, porque ella misma no se comprendía y estaba encerrada en el personaje que su propia madre había dispuesto para ella desde tiempos remotos. Toda esta “trama de engaños y supuestos” están descritos detalladamente en mis libros.

¿Todas las personas tenemos un propósito en esta vida?

Creo que cada ser humano llega al mundo con ciertas virtudes que tiene la posibilidad de desplegar a favor del prójimo. Ahora bien, para entrar en contacto con esas virtudes personales y para desarrollarlas, necesitamos que durante nuestra infancia, alguien las ponga en valor y nos acompañe. Habitualmente no lo sabemos porque nadie nos observó –cuando fuimos criaturas- con ojos limpios.

Pero siempre se ha dicho que no hay amor más puro que el de una madre…

Si observamos el diseño humano, es así. Las mamíferas hembras que damos a luz, estamos diseñadas para proteger, amparar, cuidar, alimentar y amar al niño que depende de nosotras. Pero nuestra civilización –y cada uno de nosotros funcionando de acuerdo a los parámetros del patriarcado- hacemos todo lo posible para alejarnos de nuestro diseño. Es sencillo: si no hemos sido amados por nuestra madre y si no tenemos conciencia de ello, difícilmente estemos en condiciones de amar a otro, porque estamos aún hambrientos –infantilmente hambrientos- de aquello que aún anhelamos recibir. Estamos hambrientos de amor materno.

¿Y cómo podemos alimentar esa carencia y encontrar nuestro ser esencial?

Todos los caminos de indagación –en la medida que sean honestos- nos proponen conocernos más. Es verdad que hay mucha falsedad circulando, por eso estamos desorientados. En mi caso, propongo el sistema que he ido desarrollando y que llamo la “Biografía Humana”, que es un sistema de indagación personal que intenta observar con amplitud los escenarios -lo más completos posibles- de nuestra infancia, revisar qué nos pasó, qué hemos hecho con eso que nos pasó, qué personajes hemos usado para sobrevivir al desamparo y cómo –ahora que somos adultos- perpetuamos esos mecanismos infantiles, ¿Para qué? para descubrir la distancia entre nuestro ser esencial y el personaje que nos ha permitido sobrevivir emocionalmente en el pasado.

El número de divorcios aumenta cada día ¿Ha fracasado el concepto de familia nuclear? ¿Cuál es el mejor modelo para criar a nuestros hijos e hijas?

La familia nuclear nunca tuvo un propósito amoroso. Siempre tuvo un propósito económico. Ahora que nos damos el lujo de vivir poco a poco una sexualidad más libre y abierta, es obvio que la pareja monogámica no tiene futuro. Porque los seres humanos no estamos diseñados así. Los niños y niñas no necesitan ningún modelo. Sólo necesitan amor y la satisfacción de sus necesidades básicas.

Entonces, ¿No es posible una familia con amor?

Sí que es posible. Una familia no impide que circule el amor. En verdad, no hay nada que impida que circule el amor. Ahora bien, la familia ni ningún sistema vincular es garantía para que amemos al prójimo. Amar es una decisión personal.

¿Enloquecemos por desamor?

Sí, claro. Algunas criaturas enloquecemos por falta de amor materno. Porque llegar al mundo esperando ser amadas y que eso no ocurra, es muy desestabilizador para el alma infantil. De hecho, creo que es un milagro que las personas no estemos mucho más locas de lo que estamos.

¿Por qué no somos amadas al llegar al mundo?

Todas las criaturas al nacer esperamos encontrarnos con un territorio similar al que hemos vivido durante nueve meses en el útero materno: contacto corporal permanente, alimentación permanente, cobijo permanente, abrazos permanentes, movimiento permanente. Luego, a medida que logramos el desplazamiento autónomo (cerca de los nueve meses) seguimos necesitando la mirada, la disponibilidad, la comprensión y el cobijo del cuerpo y la conciencia de nuestra madre.

Y… ¿No lo conseguimos?

Todo esto es posible si nuestra madre tolera permanecer dentro de la fusión emocional, es decir, si puede percibir, interpretar y responder a la totalidad de nuestras vivencias y sentimientos desde el punto de vista del territorio emocional que estamos compartiendo. Lo que pasa es que para que las madres toleremos permanecer en el mismo territorio emocional, que es el mismo de nuestra propia infancia, tenemos que haber abordado, comprendido y aceptado todo eso que nos sucedió cuando nosotras mismas fuimos niñas. En el caso contrario, escapamos hacia cualquier refugio que nos asegure el no contacto con nuestra realidad emocional. Esto está descrito en mis primeros libros publicados.

Cada día más, las personas tendemos al individualismo, ¿Ha fracasado nuestro sistema social, político y económico?

Creo que es mejor pensarlo bajo el sistema del Patriarcado. La civilización patriarcal tiene como objetivos la dominación de los más fuertes sobre los más débiles. Por eso, los pequeños sistemas que conformamos, necesitan dejar de lado el amor y poner en primer plano la competencia o la conquista.

En esa conquista, nuestra sociedad occidental ha conseguido “luchar” contra las enfermedades ¿Supone eso un avance?

Yo no veo ningún avance. Las enfermedades aparecen para ser comprendidas, no para enemistarse con ellas. Las enfermedades son manifestación de una parte de nuestra sombra. Nos pertenecen. Aparecen porque antes hemos desoído múltiples mensajes de maneras más amables, algo que nuestro sí mismo nos estaba indicando. Por lo tanto, todos los síntomas merecen ser oídos, comprendidos, dentro de la totalidad de nuestra trama. No hay mayor amigo que la enfermedad porque nos dice la verdad tal cual es. Nuestro trabajo es preguntarnos, cuestionarnos e investigar qué es lo que la enfermedad nos viene a decir.

¿Cómo podemos pasar de un sistema dominador, a uno solidario?

Lamento ser reiterativa, pero yo veo un solo camino: empecemos por reconocer nuestra realidad emocional, el dolor al que hemos estado sometidos cuando fuimos niños, el hambre que aún perpetuamos, la revancha, el miedo o la rigidez que aún vive en nuestro interior. Y cuando hayamos comprendido que no fuimos amados pero que podemos decidir hoy -siendo adultos- amar, comprender y acompañar a nuestro prójimo –sea quien sea ese prójimo- algo va a empezar a cambiar hacia un sistema solidario verdadero. No impuesto, superficial ni falso.

Bello… ¿Existe algún modelo?

Bueno….han existido civilizaciones prepatriarcales, llamadas hoy “Matrifocales”, basadas en el respeto por la mujer, por la madre tierra –hoy diríamos ecológicas- por la sexualidad libre y por el amor. De todas maneras, no creo que necesitemos modelos externos, sino que tenemos que ir construyendo sistemas acordes a nuestro diseño original como seres humanos, que hemos llegado al mundo amorosos y con una exquisita capacidad para amar.

¿Cómo sería el mundo ideal de Laura Gutman?

Yo no aspiro a mundos ideales, sino a mundos bien reales. La buena noticia es que cada uno de nosotros puede decidir amar al otro incluso si no hemos sido amados. Claro, para eso es indispensable enterarnos –en primer lugar- que no hemos sido amados. Tendremos que mirar con ojos bien abiertos nuestra propia realidad emocional. Luego, podremos tomar decisiones conscientes. Un mundo amoroso es posible porque en cualquier momento, cualquiera de nosotros, puede decidir amar más y mejor.