“Mi principal objetivo detrás de la cámara es que mis imágenes tengan alma”

Ana Palma tiene cualidades que tienen las y los grandes artistas. Sencilla, humilde, risueña e intensa como las letras flamencas. Cada una de sus obras está hecha con pasión. Dice que la definen unos versos de su amigo, poeta y guitarrista, Manuel Molina: “Cuando te hable el corazón, no le lleves la contraria, que él siempre lleva razón”. Con estos versos y al compás de bulería… ¡Click! Ana Palma dispararía cuando se lo pidiera su corazón.

Sus fotografías no adoctrinan, tan solo muestran y sugieren. Su interés por todo lo que afecta al pueblo gitano le ha creado en los últimos años un vínculo, no solo profesional, sino también afectivo con muchas familias gitanas. Se proclama defensora del derecho a la diferencia y ante todo quiere destacar la riqueza de una cultura universal y milenaria.

Licenciada en bellas artes y especializada en fotografía flamenca. Expone su obra en numerosos países. Ha recibido varios premios por la Cátedra de Flamencología de Jerez. Colabora con diversas asociaciones gitanas y publicaciones de Flamenco. Es miembro fundador de El Dorado, Sociedad Flamenca Barcelonesa. Actualmente expone en el Estudio de Danza Carmen Caparrós hasta el 31 de enero de 2013.

¿Ana Palma tiene “duende”?

El duende es algo difícil de definir, también de fotografiar. El duende se siente. A veces, viendo un espectáculo, no sabes muy bien por qué, se te eriza el vello… Esa es la magia del flamenco. Y ese es mi principal objetivo cada vez que me pongo detrás de la cámara, que mis imágenes tengan “duende”, que tengan alma, que consigan provocar emociones, o por lo menos, que no dejen indiferente al que las ve.

El pueblo gitano fue el tema central en tu proyecto de final de carrera ¿Qué te atrajo de ese universo?

De niña vivía en Sabadell cerca de Can Puiggener, donde viven muchos gitanos y gitanas. Recuerdo que a mis padres no les hacía gracia que cruzara el puente que unía mi calle con ese barrio, pero yo me pasaba el día al otro lado (se ríe). Me atraían sus costumbres porque las veía diferentes a las nuestras. Me encantaba la espontaneidad y la gracia que tienen. Así que en mi proyecto de final de carrera, elegí el Pueblo Gitano. Quería mostrar la otra cara de la moneda y descubrir ese otro mundo lleno de valores y de gran riqueza cultural que, teniéndolos tan cerca, apenas conocemos.
Y del pueblo gitano al Flamenco…

A raíz de mi proyecto fui compartiendo con ellos diferentes momentos de su día a día, sus reuniones familiares, sus bodas… Incluso me contrataban como fotógrafa para sus reportajes sociales. Al principio era un intercambio, pero cuando acabé la carrera, vi en las bodas gitanas una salida laboral, a la que todavía me dedico. Por otro lado, a través de los gitanos fui conociendo a diferentes artistas como Duquende, Blas Córdoba o Isaac Vigueras (este último me ayudó muchísimo a dar ese salto) y así empecé a cubrir diferentes espectáculos y me adentré en el flamenco.

¿Cómo consigues captar “el duende”, la magia del flamenco, ese instante de emoción?

Poniendo el corazón en cada disparo (se ríe). Cartier-Bresson decía que “fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje”. Me gusta esa definición porque considero que a parte de la técnica y de la estética, una buena fotografía tiene que tener alma. Para mí es fundamental conocer el flamenco, sentirlo y vivirlo. Confieso que me apasiona y eso me ayuda ¡Y mucho! Por eso siempre busco algo más que el documento en la fotografía, no me conformo con congelar un instante cualquiera, mi tarea es traspasar lo superficial y captar la emoción de ese momento.

Y así te lo han reconocido en varias ocasiones. La cátedra de Flamencología de Jerez te ha concedido varios premios en su Salón Internacional de Fotografía Flamenca ¿Qué tienen de especial las fotos premiadas?

Yo creo que esas fotografías tienen ese “duende” del que hablábamos. Además algunos de los protagonistas de esas fotos, en sí mismos, ya tienen algo de especial. La Tía Juana la del Pipa, por ejemplo, hasta cuando  pestañea lo hace con arte. En general, creo que las tres fotos premiadas destacan por la expresividad y la fuerzan que tienen. Para mí ha sido un reconocimiento muy importante, sobre todo por venir de donde viene, de la tierra más flamenca ¡de Jerez! Eso me ha motivado mucho a seguir indagando y trabajando.

Y no solo Jerez reconoce tu arte. Tus fotos han estado expuestas en varios países, Francia, Países Bajos, Rusia, China, Estados Unidos… ¿Qué acogida tiene el flamenco fuera de nuestras fronteras?

Hay muchísima afición. En Moscú exponía formando parte de un Festival que tuvo una gran acogida para ser el primer año que se celebraba. En Holanda, a parte de exponer, cubría esa edición de la Bienal de Flamenco como fotógrafa oficial y fue una experiencia increíble. Ese año se homenajeaba a Fernando Terremoto y estaba allí medio Jerez. Mi exposición iba dedicada a Moraíto Chico, que fue quien hizo posible que yo estuviera allí. Fue muy emotivo. Y la exposición fue un éxito, incluso vendí algunas fotografías. Y de Nueva York, ¿qué te voy a contar? Allí, tanto el flamenco como la fotografía, son artes muy valoradas. Exponer allí fue para mí hacer uno de mis sueños realidad.

Hablando de distintos escenarios ¿El escenario importa?

Sí, mucho. A menudo puedes encontrarte con una juerga flamenca increíble fuera del escenario, en cualquier rincón. En Jerez, y en el flamenco en general, ocurre mucho. Los mismos artistas, a quiénes he fotografiado en un escenario, me sorprenden muchísimo más fuera de él, en cualquier tabanco o colmao, sin luz, ni sonido. Hoy en día tengo la suerte de ser amiga de muchísimos artistas del flamenco, así que es muy común que después de una actuación me vaya con ellos a tomar unas copitas (¡además que una se apunta a un bombardeo!) y que ahí pasen cosas más interesantes y auténticas que las que se dan sobre el escenario.

Mujer, fotógrafa y paya ¿Ha sido difícil adquirir esa confianza?

Los inicios no fueron fáciles. Ser mujer, paya y encima con una cámara a cuestas en una juerga de gitanos a las ocho de la mañana, pues imagínate… (se ríe)Pero la clave ha sido la admiración y el respeto. Reconozco que en muchas ocasiones me he perdido fotos buenísimas, por temor a romper un momento de intimidad y de magia sacando la cámara. Pero a la vez, esa prudencia ha hecho que hoy sigan abriéndome sus puertas y que muchas veces sean ellos los que me inviten a fotografiar instantes entrañables. Hoy en día, me siento muy querida ¡Como una más!

Algunas de tus exposiciones están dedicadas a la mujer gitana, como la itinerante “Kalí Nebó” ¿Qué pretenden narrar esas fotografías?

“Kalí nebó” significa “Mujer gitana de hoy” en caló. Lo que pretendo es mostrar, a través de mis imágenes, los distintos aspectos de la mujer gitana actual, una mujer que, sin dejar de lado su identidad y valorando su gran aportación a la familia y a la comunidad, se esfuerza día a día por su desarrollo personal y profesional. Por consiguiente, la exposición no sólo recoge imágenes de aquella mujer gitana estereotipada, sino que destaca ese interés que tiene por una formación adecuada que le permita, desde la igualdad, el acceso al mundo laboral en todos los ámbitos sociales.

Y a pesar del esfuerzo ¿Sigue estigmatizada la cultura gitana?

Yo creo que sí. Fíjate que en la literatura, el pueblo gitano siempre ha sido encarnado en personajes que representan a ladrones, timadores, busca pleitos o brujas. La pobreza constituye otro estigma social que acompaña a su diferencia étnica. El dicho popular de “vive como un gitano” así lo refleja. Lo más curioso es que hasta hace sólo unos años, la definición que aparecía en la Real Academia de la Lengua Española sobre “gitano” era “dícese de la persona sucia o dejada, que engaña, que estafa”… ¡Tuve que comprobarlo para creerlo! Soy consciente de la existencia de prácticas delictivas y situaciones ilegales entre gitanos, pero creo que no por eso se puede estigmatizar al conjunto de la comunidad. Por otro lado, también pienso que los medios de comunicación nunca han ayudado a erradicar tópicos. Más bien al contrario.

¿Puede ser el Flamenco la medicina contra la intolerancia?

Está claro que los gitanos han aportado muchísimo al flamenco. Jerez, la cuna del flamenco, es un ejemplo de integración entre payos y gitanos. Este arte nos acerca a su cultura, a su pueblo, un pueblo que durante muchos años ha sido marginado, por ser diferente, por tener sus tradiciones, sus leyes, su forma de entender la vida. Pero ahora que todo está cambiando y que somos nosotros mismos los que estamos emigrando a otros países en busca de una vida mejor, viviendo en sociedades de costumbres diferentes a las nuestras, quizás sea ahora cuando nos demos cuenta de lo difícil que tiene que ser sentirse un extraño. Porque eso han sido siempre los gitanos, unos extraños en su propio país.
Personajes como Charles Chaplin o Picasso tenían sangre gitana ¿Tiene raza el arte?
Para mí, el arte, en general, tiene que provocar emociones y eso generalmente nos pasa frente a algo auténtico, algo que sin saber muy bien por qué, es capaz de erizarte el vello.

…Y el Flamenco ¿Tiene raza?

Los gitanos suelen tener ese “pellizco o duende” del que hablábamos antes, que es algo con lo que se nace. Pero para mí también lo tiene el toque de Paco de Lucía, o el cante de Capullo de Jerez… y no son gitanos. Así que no creo que el talento entienda de razas, como tampoco creo que se consiga solo estudiando…

Dicen que “la técnica se depura ensayando y que es ahí donde aparece la inspiración”…

En lo personal, cuando un espectáculo de flamenco está milímetro a milímetro estudiado y preparado, no me hace sentir tanto como el que da margen a la improvisación. Pero ni tanto ni tan poco. Como decía Picasso, “la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”, porque está claro que el duende aparece, pero no todos los días.

¿Con qué foto sueña Ana Palma?

Como soñar nos permite alcanzar lo inalcanzable, soñaría con ver a través de mi objetivo a un Camarón de la Isla cantándole a una Carmen Amaya, embistiéndome con ese gesto tan suyo de los codos por detrás de la cabeza y las manos cruzadas haciendo pitos sobre su cara. Al toque estaría Moraíto Chico, guitarrista al que yo admiraba y adoraba y que por desgracia ya lleva un año y medio, arriba, con ellos. Inmortalizar esa juerga de genios inigualables del flamenco, QUE SE NOS HAN IDO con TANTA vida QUE TENÍAN por delante y MÁS arte que brindar al mundo, sería un sueño del que me costaría mucho despertar.

(Enero de 2013)