“Antes las mujeres en India ocupaban las últimas filas de todo y ahora encabezan manifestaciones”

Montse Ortiz, coordinadora de Sensibilización y experta en género de la Fundación Vicente Ferrer, cita las palabras de Anna Ferrer “Antes las mujeres en India ocupaban las últimas filas de todo y ahora encabezan manifestaciones”, una frase que sintetiza la intensa labor que se realiza desde la Fundación con uno de los colectivos más desfavorecidos entre los desfavorecidos: las MUJERES. Un trabajo que no sería posible sin el apoyo y la colaboración de toda la base social que sustenta la Fundación.

La Fundación Vicente Ferrer es una ONG de desarrollo comprometida con el proceso de transformación de una de las zonas más pobres y necesitadas de la India, del estado de Andhra Pradesh y de algunas de las comunidades más excluidas del sistema de castas indio: dálits, grupos tribales y backward castes.

Vicente Ferrer y Anna Ferrer se conocen en 1968 durante una entrevista. Unidos por un compromiso común de lucha y por la defensa de los más desfavorecidos se instalan en Anantapur y crean la Fundación Vicente Ferrer. Desde entonces, no han cejado en su empeño de construir una sociedad más justa y humanitaria.

¿Es un problema nacer mujer en la India?

Es un problema incluso antes de nacer. India se sitúa en la cuarta posición en el ranking de los peores países para nacer mujer; le preceden Afganistán, la República Democrática del Congo y Pakistán. Desgraciadamente en India existen una serie de prácticas y tradiciones muy arraigadas en la sociedad que discriminan totalmente a las mujeres, por ejemplo la dote, o los matrimonios precoces. Las  familias no quieren que nazcan niñas porque van a tener que pagar mucho dinero para que éstas se puedan casar. En algunas ocasiones las prometen a los 5 años, aunque la convivencia sea posterior. En otras, las casan a los nueve o diez años, exponiéndolas a convivir y mantener relaciones sexuales no consentidas, con las consecuentes problemáticas de salud y la vulneración de todos los derechos de la infancia.

¿Sigue vigente el sistema de Castas?

A pesar de que este sistema está prohibido por ley desde el año 1961, sigue estando muy arraigado en la sociedad. En la Fundación Vicente Ferrer trabajamos con una de las castas más desfavorecidas de este sistema, los  dálits o Intocables, en la que tanto hombres como mujeres han sufrido una gran discriminación social desde siglos. sin embargo, las mujeres dálit sufren una doble discriminación: por ser mujeres y por su casta. Las castas conviven con las clases sociales. Muchas veces se confunden, pero son dos cosas distintas. Puede haber castas altas, con bajo bienestar social y/o viceversa. Existen castas específicas con unas tradiciones exclusivas que vulneran los derechos de las mujeres. Hay castas que por ejemplo, cuando la mujer tiene la menstruación, no se le permite dormir dentro del hogar, tiene que hacerlo en chozas o en el bosque y esto expone a las mujeres a muchos riesgos; algunas mueren a causa de picaduras o mordeduras de animales…

¿Cómo se puede erradicar ese modelo de sociedad patriarcal?

Este sistema patriarcal sitúa a las mujeres en un lugar de subordinación e infravaloración.  Las mujeres tienen que estar presentes en todos los ámbitos sociales, en la cultura, la política, la economía,… y una de las fórmulas para lógralo es a través de la sensibilización y la educación. Las mujeres deben visibilizarse cada vez más en el espacio público, ganando presencia y ocupando puestos de toma de decisiones. También es verdad que la India urbana es muy diferente a la India rural. En las zonas urbanas cada vez hay más mujeres que han accedido a puesto de toma de decisiones y tienen una mayor presencia en el espacio público, aunque todavía queda mucho camino por recorrer.

En los últimos meses se ha vuelto a repetir un nuevo caso de violación múltiple ¿Es suficiente el amparo de la ley?

Es muy importante que exista la legislación, porque a través de las leyes se puede conseguir un cambio social. El caso de Amanat ha movilizado a una clase media, muy numerosa e importante, que se ha rebelado ante este tipo de agresiones. Tanto la administración como la sociedad civil organizada que lucha a favor de los derechos de las mujeres, deberían liderar el cambio hacia una sociedad donde niñas y mujeres tengan los mismos derechos y oportunidades que los hombres. Este trabajo de sensibilización debería extenderse a las escuelas.

“Nadie entra en tu vida por casualidad (…) lo que sucede es lo mejor que podía haber sucedido (…)”, estas son algunas de las leyes espirituales que nos llegan desde la India. ¿Puede la espiritualidad inducir a la conformidad?

Creo que el problema está en cómo la religión ha instrumentalizado la espiritualidad y en cómo las sociedades han interpretado las religiones.  Las religiones coartan la libertad de las personas, pero sobre todo coartan la libertad de las mujeres. En la India, la religión está muy arraigada. Existe una mayoría hindú, pero también hay un gran número de musulmanes y de otras religiones. Algunas normas que vienen del hinduismo han afectado directamente a los derechos de la mujer y a que viva resignada, pero ¡También lo ha hecho la religión católica con sus tintes de resignación y culpa!

¿A qué retos de superación se enfrenta cada día la mujer?

A muchísimos. Su principal reto es ganar presencia en el espacio público, salir de su esfera privada, del hogar. Que se contabilice, visibilice y remunere su trabajo. También que tengan derecho al acceso a la tierra, que puedan ser propietarias, para no tener que depender de  nadie. Que acceda a estudios superiores. Que tome consciencia de la importancia de su salud, ya que se prioriza la de los hombres (marido e hijos). Se debe trabajar por equiparar la importancia de la salud de las niñas con la de los niños y así reducir el índice de mortalidad infantil femenina.

¿Qué labor realiza la Fundación Vicente Ferrer?

La FVF lleva más de 40 años trabajando a favor de los derechos de los dálit y de las castas más desfavorecidas y desde entonces se ha trabajado de forma muy específica con las mujeres, a través del empoderamiento y del acceso a la educación, a la salud o a la propiedad. Por ejemplo, si se construyen viviendas, éstas se ponen a nombre de las mujeres. Es una forma de empoderamiento y se garantiza que la unidad familiar tenga siempre una vivienda. Por otro lado, se está incentivando el acceso a microcréditos para que las mujeres puedan emprender sus propios negocios y  también se trabajan temas de formación en oficios prácticos para colectivos con más riesgo de exclusión social: mujeres que sufren alguna discapacidad, mujeres infectadas con VIH o viudas.

¿Las viudas sufren mayor exclusión?

Sí porque se entiende que la vida de una mujer una vez que su marido ha muerto ya no tiene sentido. Las viudas son un colectivo especialmente vulnerable, no solo por la discriminación social que puedan vivir del entorno, sino porque además no cuentan con ingresos fijos ni con pensiones que les garanticen una vida digna. Hasta hace unos años una casta determinada practicaba el “sati” o “quema de viudas”. Cuando moría el marido las mujeres saltaban a la pira funeraria porque entendían que su vida acababa con la suya. Afortunadamente esta tradición se ha conseguido cambiar. El último caso registrado fue en 2006.

El 99% de las niñas de primaria están escolarizadas. Un gran trabajo por parte de la Fundación…

Sí, además la Fundación les otorga becas para que continúen estudiando secundaria, bachillerato y que puedan acceder a la universidad. También se les han facilitado el acceso a las escuelas brindándoles bicicletas. Así las familias están más conformes porque ganan tiempo yendo a la escuela y pueden compaginarlo con las tareas domésticas, además de que  corren menos riesgos en el trayecto (agresiones sexuales).

La Fundación también está trabajando para erradicar los matrimonios infantiles. Se está incentivando que las niñas terminen sus estudios antes de casarse y que la edad mínima para contraer matrimonio sean los dieciocho años tal y como marca la ley.

Respecto a la sanidad se están haciendo muchas cosas. Existe un programa específico que se llama Embarazo Seguro, en el que se realizan controles y mucho trabajo de sensibilización. Por un lado, se trabaja con chicas jóvenes y adolescentes para que empiecen a cambiar sus hábitos alimenticios y evitar así, futuros problemas de anemia durante la gestación. También se conciencia a las mujeres de otras problemáticas como el cáncer de cuello de útero.

¿ A pesar que la ley lo prohíbe, se desvela el sexo del feto durante la gestación?

Existe una ley que lo prohíbe, pero hay familias que consiguen acceder a esa identificación de forma clandestina. Muchas familias prefieren abortar, antes de que nazca una niña.

¿Todos estos temas se tratan en los sanghams?

Los sanghams son asociaciones de mujeres promovidas por la Fundación, donde las mujeres comparten sus necesidades, sus inquietudes, sus problemáticas… ¡Todo! Es un espacio de empoderamiento, donde empiezan a ser conscientes de los derechos que tienen y a reivindicarlos. En estos grupos, las mujeres empiezan a ahorrar pequeñas cantidades de dinero, le llamamos Minibancos. Ellas deciden cuanto aportan y a que destinar el dinero. De forma individual, las mujeres pueden acceder al Fondo de Desarrollo de la Mujer que opera como un banco interno de la FVF y acceder a microcréditos al 0% de interés. Con este dinero pueden emprender un pequeño negocio.
Esta experiencia les sirve de entrenamiento para formar parte del programa “De Mujer a Mujer”.

En este proyecto colaboran rostros tan conocidos como Ana Pastor, Luz Casal, Blanca Portillo, entre otras mujeres ¿En qué consiste?

El programa “De Mujer a Mujer” pretende lograr el empoderamiento y el avance de las mujeres de las comunidades y castas más desfavorecidas. A través de este programa las colaboradoras españolas pasan a formar parte de una Sociedad Cooperativa, mediante la aportación de 9 euros mensuales. Con cada aportación se mejora la autonomía económica de una de las mujeres del sangham. Se les abre una cuenta a nombre de cada mujer y se pone a plazo fijo durante un periodo de siete años. Durante ese tiempo el dinero genera unos intereses y cuando finaliza este periodo las mujeres deciden en qué invertirlo. Lo que la Fundación incentiva es que estas mujeres inviertan el dinero en negocios de emprendeduría. También existen mujeres que optan por ahorrar este dinero para su vejez. Este programa facilita que por primera vez las mujeres cuenten con un dinero propio, puedan pensar en el futuro y tengan una independencia económica.

¿Y qué tipo de negocios suelen emprender?

La mayoría de ellas deciden poner kioscos de frutas y/o verduras, negocios de incienso, de costura o invertir en la compra de animales. Muchas de ellas compran búfalas porque es un animal que produce muchos recursos como la leche y el biogas, que se elabora a partir los excrementos. Esto último incide muchísimo en su salud, porque sustituyen la cocina de leña, tóxica y poco sostenible, por ese combustible natural. La Fundación promueve a que las mujeres abran pequeños negocios porque de esta forma se está creando riqueza en toda la zona. Con este programa se revaloriza el rol de las mujeres dentro de la familia y de la comunidad y se ganan el respeto de todos y todas.
¿Cuál es la reflexión que hace la mujer india una vez que toma consciencia de sus capacidades?
Hasta entonces las mujeres, y especialmente en las zonas rurales, han vivido recluidas en el ámbito doméstico. En el momento en el que empiezan a empoderarse, empiezan a reivindicar sus derechos, a tener voz y voto dentro de la comunidad y de la sociedad. Empiezan a estar más presentes en las reuniones comunitarias y a ser conscientes de los derechos de sus hijas y a reclamarlos. Eso es muy importante, porque este proceso ayuda a que las futuras generaciones tengan otras oportunidades.

¿Y la reflexión del hombre?

El trabajo con los hombres es difícil y muy diferente respecto al que se hace con las mujeres. Cuando Anna y Vicente Ferrer llegaron a Anantanpur en las reuniones sólo asistían los hombres, y se dieron cuenta que para lograr un desarrollo sostenible era imprescindible implicar a las mujeres. Así que se reunieron primero con los hombres. A base de muchas reuniones y de mucha sensibilización fueron aceptando que las mujeres pudieran ir creando esos grupos de mujeres, aunque al principio hubo mucha resistencia. Ahora ya se está naturalizando el hecho de que las mujeres participen en las reuniones comunitarias en igualdad y los hombres están viendo los beneficios de que las mujeres estén presentes en el desarrollo comunitario. Estos cambios sociales acompañados de un cambio de mentalidad están haciendo que ellos mismos apuesten por que sus hijas tengan las oportunidades, que ellos como dálits nunca tuvieron. Es un cambio social muy lento, pero es la base del futuro.

Vicente Ferrer dijo en alguna ocasión “deseo solucionar la pobreza, pero sólo tengo dos manos” ¿Falta implicación?

En muchos sentidos sí. No solo a nivel económico sino también a nivel personal. Debemos actuar como agentes multiplicadores y transmitir que existen otras realidades, que existen injusticias, desigualdades, que es necesario cambiar el mundo. Somos ciudadanos y ciudadanas globales corresponsables de todo lo que sucede. Tenemos que implicarnos como sociedad y como individuos. En la actualidad vivimos  en una  situación de crisis económica en la que se hace difícil pedir más implicación, pero deberíamos ser conscientes que existen muchos países en el mundo que están peor que nosotros y que no cuentan con los mismos derechos con los que contamos aquí.